Recibido:
19/diciembre/2025 Aceptado: 4/enero/2026
La Esencia
y Vigencia del Pensamiento Educativo de Fidel Castro Ruz (Ensayo)
The essence and validity of the educative thought of Fidel Castro Ruz (Essay)
Yusdelbis Alvarado García.
Licenciada en Educación en la especialidad Marxismo Leninismo e Historia.
Máster en Ciencias de la Educación. Profesora Asistente. Universidad de Granma.
Bayamo. Cuba. [ yalvaradog@udg.co.cu] [ https://orcid.org/0000-0001-7452-6417]
Sonia Niurka
Tornés Mendoza. Licenciada en Educación en la especialidad
MarxismoLeninismo e Historia. Máster en Historia de la
Formación Nacional y Pensamiento Cubano. Profesora Auxiliar. Universidad de
Granma. Bayamo. Cuba. [soniahistoria@nauta.cu]
[https://orcid.org/0000-0001-8373-8825]
Resumen
La
transformación educacional emprendida por Fidel Castro Ruz a partir de 1959
constituye uno de los legados más profundos y perdurables de su pensamiento
revolucionario. Su visión trascendió la mera política pública para convertirse
en un proyecto civilizatorio, donde la educación fuera concebida
simultáneamente como base, herramienta y fin de la Revolución para la
construcción de una nueva sociedad en la que se formaría el hombre nuevo. En
este sentido, el ensayo analiza la esencia y vigencia del pensamiento educativo
de Fidel Castro Ruz, con el fin de comprender el mundo en el que se vive y poder
preservar las conquistas del socialismo en Cuba.
Palabras
clave: Fidel Castro; esencia; vigencia;
pensamiento educativo; transformación educacional; hombre nuevo
Abstract
The educational transformation undertaken by Fidel
Castro Ruz beginning in 1959 constitutes one of the most profound and enduring
legacies of his revolutionary thought. His vision transcended mere public
policy to become a civilizational project, where education was conceived,
simultaneously, as foundation, tool, and goal of the Revolution for the
construction of a new society in which the new man must be formed. In this
sense, the essay analyzes the essence and present value of his educative
thought with the purpose of understanding the world we live in and be able to
preserve the achievements of socialism in Cuba.
Keywords: Fidel
Castro; essence; validity; educational thought; educational transformation, new
man
El
estudio del pensamiento educativo de Fidel Castro resulta hoy necesario, considerando
las circunstancias especiales por las que atraviesa el país, amenazado por el
imperialismo desde los inicios de la Revolución y hoy aún, más fuerte. El líder
histórico de la revolución, concibió como elementos fundamentales la educación,
la asistencia médica con sentido humano, la justicia y equidad social y otras
conquistas del proceso revolucionario cubano. Por lo que conocer la esencia y
la vigencia de su pensamiento educativo en este mundo contemporáneo tan complejo
e incierto, es garantía de continuidad para las nuevas generaciones de cubanos
y cubanas.
Con
este propósito, las autoras se proponen analizar reflexivamente la esencia y
vigencia de su ideario educativo, comprenderlo no como una serie de medidas
aisladas, sino como un componente esencial de un proyecto integral de soberanía
nacional, justicia social y dignidad humana. Es así que surgen algunas
interrogantes ¿qué plantea el pensamiento educativo fidelista ante las
urgencias del mundo contemporáneo en este siglo XXI? ¿qué elementos de su pensamiento
teórico y práctico resisten el paso del tiempo y se ofrecen como antídoto a la
crisis contemporánea? Responder estas interrogantes son retos de la sociedad contemporánea
y tienen gran pertinencia en el mundo contemporáneo, porque legó una educación
integral, masiva, inclusiva, critica, solidaria y vinculada a un proyecto de
justicia. En este sentido, es preciso destacar que:
El
pensamiento pedagógico de Fidel Castro, forjado en el quehacer
teórico-práctico,
nutrido
de raíces históricas, hacedoras de la identidad cultural y nacional, es solo
comprensible
al ser abordado en la estructuración sistemática de sus componentes,
económico,
político, ideo-cultural y axiológico. Es oportuno señalar que, en la práctica
revolucionaria,
su pensamiento educativo trasciende la tradicional concepción de la
educación
como remedio a todos los males. Su atinada concepción acerca del hombre
instruido
y culto, como sujeto histórico capaz de llevar a cabo las transformaciones
económicas,
políticas y sociales, le otorga a la educación carácter de instrumento valioso
para realizar el cambio
necesario de las estructuras sociales injustas. (Valdés Rodríguez, 2023, p. 2)
En
su pensamiento educativo, en la historia reciente, se concreta lo más transcendental
del pensamiento revolucionario cubano, latinoamericano y universal. El beber de
la fuente inagotable del pensamiento de José Martí le va a permitir comprender la
importancia de desarrollar en la conciencia del pueblo el humanismo, patriotismo,
antimperialismo, y latinoamericanismo. Por lo que, en
sus ideas sobre la educación, el centro es el hombre, y su proceso de formación,
eje fundamental en la construcción de la nueva sociedad. Este pensamiento va a
contribuir a crear la concepción revolucionaria en la construcción del
socialismo en Cuba lo que se puede apreciar en sus discursos, entrevistas, análisis
críticos y valoraciones en los que ha explicado y reflexionado sobre los
objetivos de la educación cubana y latinoamericana.
El
pensamiento educativo de Fidel Castro Ruz constituye un pilar fundamental en la
edificación y desarrollo de la sociedad socialista en Cuba. Este mantiene una
vigencia extraordinaria en el contexto cubano actual y universal; en el que el
continente latinoamericano y caribeño junto con el resto del planeta está
amenazado por la ambición desproporcionada del imperialismo norteamericano por
mantener su hegemonismo mundial. Sus ideas son continuidad y concreción del
pensamiento emancipatorio cubano, latinoamericano y universal, heredero de
figuras como José Agustín Caballero, José de la Luz y Caballero, Félix Varela,
Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo, José Martí
y Simón Bolívar; así como lo más avanzado del pensamiento progresista mundial
como Marx y Lenin.
El
Marxismo-Leninismo lo asume como herramienta, no como dogma. En el marxismo encontró
el marco teórico para explicar la explotación y en el leninismo un modelo de
partido único junto al Estado para llevar a cabo las transformaciones sociales
que requería la Isla. Fue una síntesis creativa, no una adopción ortodoxa,
adaptada a la cultura e identidad cubana. Su pensamiento educativo reviste gran
importancia pues contribuye a formar valores y comportamientos adecuados acorde
a la sociedad que se edifica en Cuba; y que los ciudadanos deben de lograr
desarrollar a lo largo de toda su vida, dentro del proceso de socialización,
donde cada uno es partícipe.
En
la práctica revolucionaria, el pensamiento educativo de Fidel Castro trasciende
el ideario educativo progresista anterior al triunfo de la Revolución Cubana. Considera
que, el sujeto histórico, para llevar a cabo las transformaciones económicas,
políticas y sociales, debe de ser un hombre instruido y culto, lo que le otorga
a la educación carácter de valioso instrumento de transformación de las
estructuras sociales injustas.
Sus
ideas sobre educación no surgieron de la abstracción académica, sino de la
praxis revolucionaria y de una lectura profunda de la realidad cubana que
antecede al año 1959; y que analiza en su alegato de autodefensa en el juicio
del Moncada. Por lo que la idea de Martí de ver en la educación el camino de “ser
cultos para ser libres”, y fusionarlo con el proyecto político de
transformación social radical va a ser para él necesario. En su esencia pueden
desglosarse algunos principios cardinales, interconectados y mutuamente
dependientes:
1.
La Educación como Acto
Revolucionario y Fundacional.
2.
La educación como un
Derecho Universal, Gratuito y de Calidad.
3.
Educación y Conciencia:
El Hombre Nuevo.
4.
Vinculación
Estudio-Trabajo: La Educación en la Vida.
5.
La Educación
Científico-Técnica y Humanista.
El
principio fundacional, de naturaleza profundamente ética y política, fue la
concepción de la educación como un derecho humano fundamental, no como un
servicio mercantil o un privilegio de clase. La Cuba prerrevolucionaria
presentaba índices dramáticos: un alto índice de analfabetismo, una deserción
escolar masiva y una educación rural casi inexistente. Para Fidel, esta
situación era la expresión de una injusticia estructural que la Revolución
tenía el deber de erradicar. Por lo que planteó: “educar es sembrar valores,
inculcar y desarrollar sentimientos, transformar a las criaturas que vienen al
mundo con imperativos de la naturaleza, muchas veces contradictorios con las
virtudes que más apreciamos, como solidaridad, desprendimiento, valentía,
fraternidad y otras” (Castro Ruz, 2002, p. 5).
Al
respecto, se toman las primeras medidas de la Educación en diciembre de 1959,
entre las que se encuentran la conversión de 69 cuarteles en escuelas, en las
cuales podrían estudiar hasta 40 000 alumnos. En este año, también se establece
la ley de la primera Reforma Integral de la Enseñanza (cumpliendo la promesa
del Moncada), en la que se dispone el objetivo fundamental de la educación:
"el pleno desarrollo del ser humano".
Este
deber del Estado se materializó con celeridad en la Campaña de Alfabetización
de 1961, como acto político-pedagógico de masas. Constituyó una epopeya que
movilizó a más de 250 000 brigadistas, en su mayoría jóvenes urbanos, hacia los
rincones más intrincados y apartados del país. Este primer paso permitió que se
pudieran realizar todas las transformaciones y perfeccionamientos del sistema educativo
en Cuba en estos 67 años. Entre los que destacan la Ley de Reforma
Universitaria, la creación del sistema de becas, llevar a cada rincón las
diferentes educaciones desde la primaria hasta la universitaria con la creación
del Contingente de Maestros Voluntarios con 3 000 jóvenes, quienes educarían en
las regiones más apartadas junto a la Brigada de Maestros de Vanguardia
"Frank País".
En
el año de la alfabetización Fidel definió claramente la tarea fundamental de la
Revolución, preparar hombres y mujeres. Lo fundamental en una revolución es
enseñarlos y educarlos por lo que para él es esencial e importante hacer que el
pueblo estudie, pues sin educación no hay revolución posible. Tenía confianza y
fe en el pueblo como creador y continuador de la obra revolucionaria, por lo
que alentaba la participación activa en el logro de este humilde y humano
objetivo, la masificación de la educación y su preservación como una conquista
fundamental en el socialismo cubano.
Para
Fidel, educar no se limitaba a instruir o transmitir conocimientos, sino que
para él es un proceso integral de formación de la conciencia, orientado a la
creación del “Hombre Nuevo” que planteó Ernesto Che Guevara. Este ideal aspira
a un ciudadano cuyo motor conductual no fuera el interés individual, sino la
solidaridad, el bien común y el compromiso social. La educación debía combinar
el desarrollo intelectual con el moral, el ético, el saber con el ser. No
concebía la educación como un privilegio de pocos; sino que todo el pueblo
tuviera la oportunidad de ser culto, de ser útil, de ser feliz.
Por
lo que es muy importante en la educación integral: la forja del “Hombre Nuevo”
y la nueva conciencia de ser ciudadanos comprometidos con su pueblo y su
nación. Ser “culto” implica acceso al conocimiento; ser “útil” alude a la
vocación de servicio y a la vinculación con las necesidades sociales; ser
“feliz” remite a la realización personal en el marco de un proyecto colectivo
donde el individuo se sienta cada vez más pleno en concordancia con su
actuación en la edificación de la nueva sociedad, en la que se sienta cada vez
más el creador de la misma. La educación, por tanto, para él, es un instrumento
de emancipación subjetiva y objetiva. Respecto a ella expresó:
La
educación es una de las más nobles y humanas tareas a las que alguien puede
dedicar su vida. Sin ella no hay ciencia, ni arte, ni letras; no hay ni habría
hoy producción ni economía, salud ni bienestar, calidad de vida, ni recreación,
autoestima, ni reconocimiento social posible. (Castro Ruz, 2003, p. 4)
Por
lo que fue un crítico contundente del escolasticismo, del enciclopedismo y de
la separación entre el trabajo manual e intelectual, herencia de la tradición
pedagógica colonial y burguesa. Recogiendo el principio martiano de vincular la
escuela con la vida, impulsó la vinculación estudio-trabajo como eje
metodológico central dentro de la práctica de la Pedagogía.
Él
planteaba que, en la edificación y construcción de la patria, el estudio, el trabajo y
el fusil, son las tres cosas que han de estar muy unidas, fusionadas entre sí,
para poder conservar la libertad, la soberanía nacional y la independencia. El
estudio se concibe como la vía de adquirir los conocimientos, el trabajo como
una actividad humana que permite satisfacer las necesidades básicas y la
construcción de la nueva sociedad en todos los órdenes económicos, políticos y
de justicia social; y el fusil para prepararse en todo tiempo en la defensa de
la patria y sus conquistas alcanzadas.
Esta
unión responde también a múltiples propósitos: superar el divorcio entre teoría
y práctica, fomentar el respeto por el trabajo productivo, contribuir al
desarrollo económico nacional y formar una conciencia anti-elitista.
Esta visión se concretó en instituciones como las Escuelas Secundarias Básicas
en el Campo (ESBEC), los Institutos Preuniversitarios en el Campo (IPUEC) y los
planes de trabajo estudiantil en la universidad, las escuelas al campo, la
participación de los estudiantes en tareas de impacto sociales e industriales,
las escuelas de oficio, las escuelas Ana Betancourt, las escuelas de formación
técnica y obreras, entre otras. No como un mero “adiestramiento”, sino como una
pedagogía que buscaba que el conocimiento se produjera y validara en la
interacción con la realidad concreta transformándola en bien de todo un pueblo.
Fidel
Castro comprendió que la independencia política y económica sería efímera sin
independencia científica y tecnológica, y para ello la educación es muy
importante. Por lo que promovió una educación con una sólida base
científico-técnica, invirtiendo masivamente en la formación de ingenieros,
médicos, investigadores y técnicos. Sin embargo, esta apuesta nunca fue
tecnicista. Insistió en que debía estar enraizada en un humanismo
revolucionario: lo que es su visión estratégica. Por lo que desde 1959 junto al
pueblo se dio a la tarea de garantizar el futuro de la
patria con hombres de ciencia y pensamiento, hacia este ideal dirigió los
esfuerzos de la educación cubana, lo cual se ha venido materializando en todos
estos años, preparar al capital humano en todos los saberes como hombres de
ciencia que respondan a los intereses de la sociedad socialista.
La
ciencia, para él, debe estar al servicio de la vida, de la salud, de la educación,
de la alimentación del pueblo. Este principio explica el extraordinario
desarrollo de la biotecnología y el sistema de salud cubanos, así como la
creación de una red de centros de investigación de alto nivel y que muchos
recursos hayan sido destinados para el desarrollo de esta rama. De este modo, la
educación científica forma parte de una estrategia de soberanía nacional y de
contribución al bienestar humano, en el que están muy unidos los conceptos
Ciencia, Tecnología y Humanismo lo que permite la educación para el desarrollo de
la nación. Sobre este aspecto Pérez Salomón (2024) planteó:
Ese
pensamiento ha estado presente en el objetivo de desarrollar tecnologías y
productos que nos permitan seguir nuestro propio curso en la expansión de los
servicios de telecomunicaciones, el comercio electrónico y en la creación de
herramientas para enfrentar ciberataques en las diferentes modalidades. El
diseño, desarrollo y fabricación de la primera computadora digital cubana, la
CID-201, el antivirus Segurmática, EcuRed, Transfermóvil, Enzona, toDus y Picta, han confirmado la
idea de Fidel, que podemos pasar de consumidor a productor de desarrollos
tecnológicos en función del desarrollo económico, social y de la soberanía del
país. (p. 2)
El
papel de la familia en la educación moral y de la formación ética es una idea
fundamental en casi todas sus intervenciones referidas a los temas educativos e
ideológicos de preparar a las nuevas generaciones. Además, en su pensamiento
educativo se destaca la Universalización de la Educación Superior, llevando esta a cada municipio del país, así como la formación de Trabajadores
Sociales, las Escuelas de Superación para Jóvenes, Universidad para Todos, las transformaciones
en la informatización y las comunicaciones; la creación de la Universidad de
Ciencias Informáticas, la revolución energética. Estos son algunos programas que
se ponen en marcha a partir del año 2000 como materialización de la Batalla de
Ideas, lo que demuestra que su pensamiento educativo tenía una gran visión de
futuro, y se concreta en el concepto de Revolución que dejó como legado no solo
para Cuba sino para todos los pueblos del mundo. Es de señalar la gran significación
metodológica de este plan para la educación y la pedagogía, pues plantea
principios revolucionarios y humanistas que sirven de guía para perfeccionar
cualquier obra educativa en beneficio de las sociedades.
En
el pensamiento educativo de Fidel Castro existen postulados centrales que
mantienen una potente capacidad de interpelación frente a los paradigmas
educativos hegemónicos y los problemas globales del presente. ¿Qué dice hoy
este pensamiento? ¿Cuáles son sus retos actuales?
Hoy,
ante la Mercantilización Global del Conocimiento, en la era del capitalismo
cognitivo, donde la educación superior es un mercado que supera el billón de
dólares anuales y genera endeudamiento masivo (especialmente en EE.UU. y
América Latina), el principio fidelista de educación gratuita, inclusiva y
universal como derecho se erige como un modelo radical y vigente. La pregunta
que su legado lanza es crucial: ¿El conocimiento es un bien común público o una
mercancía sujeta a las leyes del mercado? El ejemplo cubano, con sus
limitaciones materiales, demuestra que es posible priorizarlo como inversión
social. Su vigencia se expresa en los movimientos que en distintas partes del
mundo luchan por una educación pública, laica y gratuita.
Ante
la Brecha Digital y la Sociedad de la Desinformación su pensamiento educativo
se erige desde la Campaña de Alfabetización como batalla contra la ignorancia.
Hoy, la batalla es multidimensional: contra el analfabetismo digital, la brecha
tecnológica que excluye a millones, y contra la intoxicación informativa y las fakenews que tanto distorsionan las realidades de
los pueblos a través del uso de los medios de comunicación masiva, las redes
sociales, el uso indiscriminado de la inteligencia artificial, siendo hoy este
campo uno de los nuevos de batalla. El principio fidelista de “formar
conciencia” adquiere aquí una relevancia renovada. No basta con enseñar a usar
una herramienta digital; hay que educar para el pensamiento crítico, para
discernir, para construir conocimiento en un océano de datos. La educación
mediática y la formación de una ciudadanía digital crítica son extensiones
necesarias de aquel impulso alfabetizador, que hoy más que nunca es necesario
preparar desde la educación a los ciudadanos.
Por
lo que su visión de “Hombre Nuevo” comprometido con el bien común ofrece un
antídoto conceptual al individualismo posesivo, al uso de la fuerza a través de
las guerras para esclavizar pueblos, para saciar el consumismo depredador que
han llevado al planeta al borde del colapso ecológico y nuclear. La educación,
desde la óptica fidelista, debe formar para la sostenibilidad, la solidaridad
intergeneracional, la justicia ambiental y la conservación de la especie humana.
Para él educar a las nuevas generaciones y a los pueblos del mundo es
fundamental y lo deja claro en sus discursos. Al respecto, Borón
(2025) escribió:
Me
contentaré con recomendar muy enfáticamente a quienes lean esta nota que vean y
escuchen el premonitorio discurso de Fidel en la Primera Cumbre de la Tierra,
en Río de Janeiro, junio de 1992. Lo que hoy dice todo el mundo, (…) lo dijo
Fidel en poco más de cinco minutos en su discurso ante el pleno de la cumbre.
Allí
pronosticó que la especie humana estaba en peligro por la destrucción del medio
ambiente, anticipó el carácter catastrófico del cambio climático que hoy
estamos sufriendo y las consecuencias de la depredación que los capitalismos
desarrollados estaban llevando a cabo con total irresponsabilidad, hundiendo en
la miseria a los países del Sur Global. (p. 12)
En
estas palabras reflexivas, Borón (2025) señala que
Fidel deja claro que es necesario hacer algo urgente para preservar el planeta,
para eliminar todo lo que contribuya a destruirlo, deja claro la necesidad de
formar en todos los pueblos una conciencia de preservación ecológica. Es así,
que según la inclinación fidelista es necesario educar a las nuevas
generaciones en este elemento para que le permita revertir el daño a través de
acciones no solo planteadas por los gobiernos, sino ejecutadas también desde
los pueblos en general.
En
su pensamiento educativo el vínculo estudio-trabajo puede reinterpretarse hoy
como vínculo estudio-territorio, estudio-ecosistema, fomentando una relación
amiga con la naturaleza. Asimismo, frente a la fragmentación social, su énfasis
en la utilidad social del saber llama a orientar la educación hacia la
resolución de los problemas comunitarios más apremiantes, como una necesidad
ante la crisis civilizatoria, humanitaria, ecológica, ética y comunitaria que
existe hoy.
Desarrolló
la Batalla de Ideas en la Era de la Información en el final de su vida, donde
sintetizó la lucha contemporánea en un concepto clave: el de perfeccionar la
obra realizada y de ir a lo que no se pudo lograr. Con ello se refiere a lo que
aún en nuestra sociedad no se ha logrado en los años de revolución; el fin de la batalla de ideas
es perfeccionar el socialismo en todos los órdenes, fundamentalmente desde la
educación. Esta Batalla de Ideas es la expresión máxima de la vigencia de su
pensamiento. En un mundo donde el poder se ejerce cada vez más a través del
control del imaginario, los algoritmos, los relatos, las guerras y el uso de la
fuerza, el campo de batalla decisivo es el de las conciencias. La educación,
por tanto, deja de ser un complemento para convertirse en el espacio
estratégico principal donde se define el futuro. Formar ciudadanos con
capacidad de análisis histórico, con memoria, con identidad de sus pueblos, con
valores de justicia y con herramientas intelectuales para deconstruir los
discursos hegemónicos, es la tarea más urgente. El pensamiento de Fidel
recuerda que, sin la cultura, cualquier proyecto de transformación social está
condenado al fracaso.
El
pensamiento educativo de Fidel Castro trasciende las fronteras de Cuba y su
tiempo histórico. Su esencia, anclada en la educación como acto de liberación,
derecho universal, formación de conciencia y herramienta para el desarrollo
soberano, constituye un aporte fundamental a la pedagogía crítica del siglo XXI.
Entre sus ideas persiste la formación de las nuevas generaciones, por lo que
hace aportes a la Educación Cubana, en cuanto a:
1.-
La concepción humanista, a partir de la doctrina martiana: «Ser cultos es el
único modo de ser libres» y
«al venir a la tierra todo hombre tiene el derecho a que se le eduque y después
en pago contribuir a la educación de los demás».
2.- La tesis del Deber
Ser del maestro cubano como educador por excelencia de la sociedad.
3.- La definición del
papel y figura del maestro en la sociedad, dentro del proceso revolucionario, como
activista ideológico y político aglutinador de la familia, entre otros factores
sociales, en el contexto de lucha ideológica y de agresiones a las que
permanentemente Cuba ha estado expuesta.
4.- La concepción de educar
como un complejo proceso, multidisciplinario e interdisciplinario, en el que
intervienen disímiles factores e influencias personales y sociales.
5.- La concepción del
maestro como instructor de niños y adolescentes en las transformaciones
educacionales en medio de la universalización de la educación.
6.- El papel de la
familia en la educación moral y en la formación ética.
7.- La importancia de
adquirir una cultura general e integral, relacionada directamente con la formación
ética y moral ciudadana.
8.- La importancia de la
formación de Trabajadores Sociales, de Escuelas de Superación para Jóvenes y la
Universalización de la Educación Superior.
9.- El planteamiento del
concepto Revolución, con su respectivo valor metodológico en cuanto a educación
y pedagogía, pues sus asertos contienen una profunda concepción revolucionaria y
humanista del hombre en su carácter de ser social, en su interacción activa y
transformadora con el medio, las personas y consigo mismo. (Sardiñas,
2024, p. 121-122)
Teniendo
en cuenta estas ideas, hoy sus palabras pronunciadas en el Aula Magna de la
Universidad Central de Venezuela tienen una gran transcendencia, en la que
destaca su fe inquebrantable en el poder de las ideas: ¨Hay que buscar
conceptos y hay que tener ideas que permitan un mundo viable, un mundo
sostenible, un mundo mejor” (Castro Ruz, 1999, p. 19).
Por
lo que en su esencia y vigencia lega trabajar incansablemente para que esa
“masa pensante”, ese pueblo culto, crítico y solidario, sea el arquitecto de su
propio destino. En esa tarea, su pensamiento educativo permanece no solo vigente,
sino indispensable para Cuba, Latinoamérica y el mundo en este siglo XXI:
Avizoraba los momentos en que el papel del
pensamiento es excepcional, porque solo este puede guiar a los pueblos en los
instantes de grandes transformaciones y en los momentos en que se emprenden
grandes empresas como la que se llevaba adelante, seguro de que llegaríamos
también a la meta. Él comprendió que la sociedad deseada no sería posible sin
el desarrollo científico-técnico que sustentara los cambios económicos,
sociales y culturales que transformarían el país. (Garrigó
Andreu, 2020, p.6)
El
pensamiento educativo de Fidel Castro es un corpus de ideas poderosas que
interpelan nuestro presente, es proyectista y desafiante. Sus principios
ofrecen coordenadas para repensar la educación desde un paradigma alternativo:
el del conocimiento como bien común, la escuela como espacio de humanización y
la pedagogía como práctica de la libertad; para formar ciudadanos que respeten
los derechos de otros, crear pueblos que respeten otros pueblos. Así lograr
hacer realidad su sueño de que un mundo mejor es posible, si sus pueblos están
bien educados en los valores de preservar y amar a la especie humana.
Su
esencia, centrada en la educación como acto de liberación, derecho universal y
forjadora de conciencia, desafía los paradigmas neoliberales globalizadores de
la sociedad contemporánea del siglo XXI del planeta, por lo que obliga a
reflexionar sobre el fin último de la enseñanza, educar y formar hombres de
bien que contribuyan a resolver los problemas sociales, económicos, medioambientales
y políticos para que edifiquen sociedades humanistas en la que todos puedan
vivir en paz.
Su
vigencia reside en la capacidad de su legado para inspirar respuestas a los
desafíos contemporáneos: la justicia en el acceso al conocimiento, la formación
de ciudadanos críticos y éticos, y la vinculación del saber con las necesidades
más apremiantes de la humanidad. De este modo, su pensamiento educativo no es
un capítulo cerrado en los libros de historia. Es una fuerza viva y orientadora
en el proyecto socialista cubano, latinoamericano y mundial que se constata en
la defensa de la educación como un derecho humano fundamental y un deber social;
en la comprensión de que la educación es el principal campo de batalla de las
ideas, donde se forja la conciencia y se defiende la soberanía nacional; en la
relación dialéctica indisoluble entre educación, unidad, ideología y el
concepto de Revolución, como pilares para la construcción de una sociedad más
justa con igualdad de oportunidades para todos sin discriminación de ningún
tipo.
Referencias
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