Recibido: 19/diciembre/2025         Aceptado: 4/enero/2026

 

La Esencia y Vigencia del Pensamiento Educativo de Fidel Castro Ruz (Ensayo)

The essence and validity of the educative thought of Fidel Castro Ruz (Essay)

 

Yusdelbis Alvarado García. Licenciada en Educación en la especialidad Marxismo Leninismo e Historia. Máster en Ciencias de la Educación. Profesora Asistente. Universidad de Granma. Bayamo. Cuba. [ yalvaradog@udg.co.cu] [ https://orcid.org/0000-0001-7452-6417]

 

Sonia Niurka Tornés Mendoza. Licenciada en Educación en la especialidad MarxismoLeninismo e Historia. Máster en Historia de la Formación Nacional y Pensamiento Cubano. Profesora Auxiliar. Universidad de Granma. Bayamo. Cuba. [soniahistoria@nauta.cu] [https://orcid.org/0000-0001-8373-8825]

 

Resumen

La transformación educacional emprendida por Fidel Castro Ruz a partir de 1959 constituye uno de los legados más profundos y perdurables de su pensamiento revolucionario. Su visión trascendió la mera política pública para convertirse en un proyecto civilizatorio, donde la educación fuera concebida simultáneamente como base, herramienta y fin de la Revolución para la construcción de una nueva sociedad en la que se formaría el hombre nuevo. En este sentido, el ensayo analiza la esencia y vigencia del pensamiento educativo de Fidel Castro Ruz, con el fin de comprender el mundo en el que se vive y poder preservar las conquistas del socialismo en Cuba.

Palabras clave: Fidel Castro; esencia; vigencia; pensamiento educativo; transformación educacional; hombre nuevo

Abstract

The educational transformation undertaken by Fidel Castro Ruz beginning in 1959 constitutes one of the most profound and enduring legacies of his revolutionary thought. His vision transcended mere public policy to become a civilizational project, where education was conceived, simultaneously, as foundation, tool, and goal of the Revolution for the construction of a new society in which the new man must be formed. In this sense, the essay analyzes the essence and present value of his educative thought with the purpose of understanding the world we live in and be able to preserve the achievements of socialism in Cuba.

Keywords: Fidel Castro; essence; validity; educational thought; educational transformation, new man

El estudio del pensamiento educativo de Fidel Castro resulta hoy necesario, considerando las circunstancias especiales por las que atraviesa el país, amenazado por el imperialismo desde los inicios de la Revolución y hoy aún, más fuerte. El líder histórico de la revolución, concibió como elementos fundamentales la educación, la asistencia médica con sentido humano, la justicia y equidad social y otras conquistas del proceso revolucionario cubano. Por lo que conocer la esencia y la vigencia de su pensamiento educativo en este mundo contemporáneo tan complejo e incierto, es garantía de continuidad para las nuevas generaciones de cubanos y cubanas.

Con este propósito, las autoras se proponen analizar reflexivamente la esencia y vigencia de su ideario educativo, comprenderlo no como una serie de medidas aisladas, sino como un componente esencial de un proyecto integral de soberanía nacional, justicia social y dignidad humana. Es así que surgen algunas interrogantes ¿qué plantea el pensamiento educativo fidelista ante las urgencias del mundo contemporáneo en este siglo XXI? ¿qué elementos de su pensamiento teórico y práctico resisten el paso del tiempo y se ofrecen como antídoto a la crisis contemporánea? Responder estas interrogantes son retos de la sociedad contemporánea y tienen gran pertinencia en el mundo contemporáneo, porque legó una educación integral, masiva, inclusiva, critica, solidaria y vinculada a un proyecto de justicia. En este sentido, es preciso destacar que:

El pensamiento pedagógico de Fidel Castro, forjado en el quehacer teórico-práctico,

nutrido de raíces históricas, hacedoras de la identidad cultural y nacional, es solo

comprensible al ser abordado en la estructuración sistemática de sus componentes,

económico, político, ideo-cultural y axiológico. Es oportuno señalar que, en la práctica

revolucionaria, su pensamiento educativo trasciende la tradicional concepción de la

educación como remedio a todos los males. Su atinada concepción acerca del hombre

instruido y culto, como sujeto histórico capaz de llevar a cabo las transformaciones

económicas, políticas y sociales, le otorga a la educación carácter de instrumento valioso

para realizar el cambio necesario de las estructuras sociales injustas. (Valdés Rodríguez, 2023, p. 2)

En su pensamiento educativo, en la historia reciente, se concreta lo más transcendental del pensamiento revolucionario cubano, latinoamericano y universal. El beber de la fuente inagotable del pensamiento de José Martí le va a permitir comprender la importancia de desarrollar en la conciencia del pueblo el humanismo, patriotismo, antimperialismo, y latinoamericanismo. Por lo que, en sus ideas sobre la educación, el centro es el hombre, y su proceso de formación, eje fundamental en la construcción de la nueva sociedad. Este pensamiento va a contribuir a crear la concepción revolucionaria en la construcción del socialismo en Cuba lo que se puede apreciar en sus discursos, entrevistas, análisis críticos y valoraciones en los que ha explicado y reflexionado sobre los objetivos de la educación cubana y latinoamericana.

El pensamiento educativo de Fidel Castro Ruz constituye un pilar fundamental en la edificación y desarrollo de la sociedad socialista en Cuba. Este mantiene una vigencia extraordinaria en el contexto cubano actual y universal; en el que el continente latinoamericano y caribeño junto con el resto del planeta está amenazado por la ambición desproporcionada del imperialismo norteamericano por mantener su hegemonismo mundial. Sus ideas son continuidad y concreción del pensamiento emancipatorio cubano, latinoamericano y universal, heredero de figuras como José Agustín Caballero, José de la Luz y Caballero, Félix Varela, Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo, José Martí y Simón Bolívar; así como lo más avanzado del pensamiento progresista mundial como Marx y Lenin.

El Marxismo-Leninismo lo asume como herramienta, no como dogma. En el marxismo encontró el marco teórico para explicar la explotación y en el leninismo un modelo de partido único junto al Estado para llevar a cabo las transformaciones sociales que requería la Isla. Fue una síntesis creativa, no una adopción ortodoxa, adaptada a la cultura e identidad cubana. Su pensamiento educativo reviste gran importancia pues contribuye a formar valores y comportamientos adecuados acorde a la sociedad que se edifica en Cuba; y que los ciudadanos deben de lograr desarrollar a lo largo de toda su vida, dentro del proceso de socialización, donde cada uno es partícipe.

En la práctica revolucionaria, el pensamiento educativo de Fidel Castro trasciende el ideario educativo progresista anterior al triunfo de la Revolución Cubana. Considera que, el sujeto histórico, para llevar a cabo las transformaciones económicas, políticas y sociales, debe de ser un hombre instruido y culto, lo que le otorga a la educación carácter de valioso instrumento de transformación de las estructuras sociales injustas.

Sus ideas sobre educación no surgieron de la abstracción académica, sino de la praxis revolucionaria y de una lectura profunda de la realidad cubana que antecede al año 1959; y que analiza en su alegato de autodefensa en el juicio del Moncada. Por lo que la idea de Martí de ver en la educación el camino de “ser cultos para ser libres”, y fusionarlo con el proyecto político de transformación social radical va a ser para él necesario. En su esencia pueden desglosarse algunos principios cardinales, interconectados y mutuamente dependientes:

1.                 La Educación como Acto Revolucionario y Fundacional.

2.                 La educación como un Derecho Universal, Gratuito y de Calidad.

3.                 Educación y Conciencia: El Hombre Nuevo.

4.                 Vinculación Estudio-Trabajo: La Educación en la Vida.

5.                 La Educación Científico-Técnica y Humanista.

El principio fundacional, de naturaleza profundamente ética y política, fue la concepción de la educación como un derecho humano fundamental, no como un servicio mercantil o un privilegio de clase. La Cuba prerrevolucionaria presentaba índices dramáticos: un alto índice de analfabetismo, una deserción escolar masiva y una educación rural casi inexistente. Para Fidel, esta situación era la expresión de una injusticia estructural que la Revolución tenía el deber de erradicar. Por lo que planteó: “educar es sembrar valores, inculcar y desarrollar sentimientos, transformar a las criaturas que vienen al mundo con imperativos de la naturaleza, muchas veces contradictorios con las virtudes que más apreciamos, como solidaridad, desprendimiento, valentía, fraternidad y otras” (Castro Ruz, 2002, p. 5).

Al respecto, se toman las primeras medidas de la Educación en diciembre de 1959, entre las que se encuentran la conversión de 69 cuarteles en escuelas, en las cuales podrían estudiar hasta 40 000 alumnos. En este año, también se establece la ley de la primera Reforma Integral de la Enseñanza (cumpliendo la promesa del Moncada), en la que se dispone el objetivo fundamental de la educación: "el pleno desarrollo del ser humano".

Este deber del Estado se materializó con celeridad en la Campaña de Alfabetización de 1961, como acto político-pedagógico de masas. Constituyó una epopeya que movilizó a más de 250 000 brigadistas, en su mayoría jóvenes urbanos, hacia los rincones más intrincados y apartados del país. Este primer paso permitió que se pudieran realizar todas las transformaciones y perfeccionamientos del sistema educativo en Cuba en estos 67 años. Entre los que destacan la Ley de Reforma Universitaria, la creación del sistema de becas, llevar a cada rincón las diferentes educaciones desde la primaria hasta la universitaria con la creación del Contingente de Maestros Voluntarios con 3 000 jóvenes, quienes educarían en las regiones más apartadas junto a la Brigada de Maestros de Vanguardia "Frank País".

En el año de la alfabetización Fidel definió claramente la tarea fundamental de la Revolución, preparar hombres y mujeres. Lo fundamental en una revolución es enseñarlos y educarlos por lo que para él es esencial e importante hacer que el pueblo estudie, pues sin educación no hay revolución posible. Tenía confianza y fe en el pueblo como creador y continuador de la obra revolucionaria, por lo que alentaba la participación activa en el logro de este humilde y humano objetivo, la masificación de la educación y su preservación como una conquista fundamental en el socialismo cubano.

Para Fidel, educar no se limitaba a instruir o transmitir conocimientos, sino que para él es un proceso integral de formación de la conciencia, orientado a la creación del “Hombre Nuevo” que planteó Ernesto Che Guevara. Este ideal aspira a un ciudadano cuyo motor conductual no fuera el interés individual, sino la solidaridad, el bien común y el compromiso social. La educación debía combinar el desarrollo intelectual con el moral, el ético, el saber con el ser. No concebía la educación como un privilegio de pocos; sino que todo el pueblo tuviera la oportunidad de ser culto, de ser útil, de ser feliz.

Por lo que es muy importante en la educación integral: la forja del “Hombre Nuevo” y la nueva conciencia de ser ciudadanos comprometidos con su pueblo y su nación. Ser “culto” implica acceso al conocimiento; ser “útil” alude a la vocación de servicio y a la vinculación con las necesidades sociales; ser “feliz” remite a la realización personal en el marco de un proyecto colectivo donde el individuo se sienta cada vez más pleno en concordancia con su actuación en la edificación de la nueva sociedad, en la que se sienta cada vez más el creador de la misma. La educación, por tanto, para él, es un instrumento de emancipación subjetiva y objetiva. Respecto a ella expresó:

La educación es una de las más nobles y humanas tareas a las que alguien puede dedicar su vida. Sin ella no hay ciencia, ni arte, ni letras; no hay ni habría hoy producción ni economía, salud ni bienestar, calidad de vida, ni recreación, autoestima, ni reconocimiento social posible. (Castro Ruz, 2003, p. 4)

Por lo que fue un crítico contundente del escolasticismo, del enciclopedismo y de la separación entre el trabajo manual e intelectual, herencia de la tradición pedagógica colonial y burguesa. Recogiendo el principio martiano de vincular la escuela con la vida, impulsó la vinculación estudio-trabajo como eje metodológico central dentro de la práctica de la Pedagogía.

Él planteaba que, en la edificación y construcción de la patria, el estudio, el trabajo y el fusil, son las tres cosas que han de estar muy unidas, fusionadas entre sí, para poder conservar la libertad, la soberanía nacional y la independencia. El estudio se concibe como la vía de adquirir los conocimientos, el trabajo como una actividad humana que permite satisfacer las necesidades básicas y la construcción de la nueva sociedad en todos los órdenes económicos, políticos y de justicia social; y el fusil para prepararse en todo tiempo en la defensa de la patria y sus conquistas alcanzadas.

Esta unión responde también a múltiples propósitos: superar el divorcio entre teoría y práctica, fomentar el respeto por el trabajo productivo, contribuir al desarrollo económico nacional y formar una conciencia anti-elitista. Esta visión se concretó en instituciones como las Escuelas Secundarias Básicas en el Campo (ESBEC), los Institutos Preuniversitarios en el Campo (IPUEC) y los planes de trabajo estudiantil en la universidad, las escuelas al campo, la participación de los estudiantes en tareas de impacto sociales e industriales, las escuelas de oficio, las escuelas Ana Betancourt, las escuelas de formación técnica y obreras, entre otras. No como un mero “adiestramiento”, sino como una pedagogía que buscaba que el conocimiento se produjera y validara en la interacción con la realidad concreta transformándola en bien de todo un pueblo.

Fidel Castro comprendió que la independencia política y económica sería efímera sin independencia científica y tecnológica, y para ello la educación es muy importante. Por lo que promovió una educación con una sólida base científico-técnica, invirtiendo masivamente en la formación de ingenieros, médicos, investigadores y técnicos. Sin embargo, esta apuesta nunca fue tecnicista. Insistió en que debía estar enraizada en un humanismo revolucionario: lo que es su visión estratégica. Por lo que desde 1959 junto al pueblo se dio a la tarea de garantizar el futuro de la patria con hombres de ciencia y pensamiento, hacia este ideal dirigió los esfuerzos de la educación cubana, lo cual se ha venido materializando en todos estos años, preparar al capital humano en todos los saberes como hombres de ciencia que respondan a los intereses de la sociedad socialista.

La ciencia, para él, debe estar al servicio de la vida, de la salud, de la educación, de la alimentación del pueblo. Este principio explica el extraordinario desarrollo de la biotecnología y el sistema de salud cubanos, así como la creación de una red de centros de investigación de alto nivel y que muchos recursos hayan sido destinados para el desarrollo de esta rama. De este modo, la educación científica forma parte de una estrategia de soberanía nacional y de contribución al bienestar humano, en el que están muy unidos los conceptos Ciencia, Tecnología y Humanismo lo que permite la educación para el desarrollo de la nación. Sobre este aspecto Pérez Salomón (2024) planteó:

Ese pensamiento ha estado presente en el objetivo de desarrollar tecnologías y productos que nos permitan seguir nuestro propio curso en la expansión de los servicios de telecomunicaciones, el comercio electrónico y en la creación de herramientas para enfrentar ciberataques en las diferentes modalidades. El diseño, desarrollo y fabricación de la primera computadora digital cubana, la CID-201, el antivirus Segurmática, EcuRed, Transfermóvil, Enzona, toDus y Picta, han confirmado la idea de Fidel, que podemos pasar de consumidor a productor de desarrollos tecnológicos en función del desarrollo económico, social y de la soberanía del país. (p. 2)

El papel de la familia en la educación moral y de la formación ética es una idea fundamental en casi todas sus intervenciones referidas a los temas educativos e ideológicos de preparar a las nuevas generaciones. Además, en su pensamiento educativo se destaca la Universalización de la Educación Superior, llevando esta a cada municipio del país, así como la formación de Trabajadores Sociales, las Escuelas de Superación para Jóvenes, Universidad para Todos, las transformaciones en la informatización y las comunicaciones; la creación de la Universidad de Ciencias Informáticas, la revolución energética. Estos son algunos programas que se ponen en marcha a partir del año 2000 como materialización de la Batalla de Ideas, lo que demuestra que su pensamiento educativo tenía una gran visión de futuro, y se concreta en el concepto de Revolución que dejó como legado no solo para Cuba sino para todos los pueblos del mundo. Es de señalar la gran significación metodológica de este plan para la educación y la pedagogía, pues plantea principios revolucionarios y humanistas que sirven de guía para perfeccionar cualquier obra educativa en beneficio de las sociedades.

En el pensamiento educativo de Fidel Castro existen postulados centrales que mantienen una potente capacidad de interpelación frente a los paradigmas educativos hegemónicos y los problemas globales del presente. ¿Qué dice hoy este pensamiento? ¿Cuáles son sus retos actuales?

Hoy, ante la Mercantilización Global del Conocimiento, en la era del capitalismo cognitivo, donde la educación superior es un mercado que supera el billón de dólares anuales y genera endeudamiento masivo (especialmente en EE.UU. y América Latina), el principio fidelista de educación gratuita, inclusiva y universal como derecho se erige como un modelo radical y vigente. La pregunta que su legado lanza es crucial: ¿El conocimiento es un bien común público o una mercancía sujeta a las leyes del mercado? El ejemplo cubano, con sus limitaciones materiales, demuestra que es posible priorizarlo como inversión social. Su vigencia se expresa en los movimientos que en distintas partes del mundo luchan por una educación pública, laica y gratuita.

Ante la Brecha Digital y la Sociedad de la Desinformación su pensamiento educativo se erige desde la Campaña de Alfabetización como batalla contra la ignorancia. Hoy, la batalla es multidimensional: contra el analfabetismo digital, la brecha tecnológica que excluye a millones, y contra la intoxicación informativa y las fakenews que tanto distorsionan las realidades de los pueblos a través del uso de los medios de comunicación masiva, las redes sociales, el uso indiscriminado de la inteligencia artificial, siendo hoy este campo uno de los nuevos de batalla. El principio fidelista de “formar conciencia” adquiere aquí una relevancia renovada. No basta con enseñar a usar una herramienta digital; hay que educar para el pensamiento crítico, para discernir, para construir conocimiento en un océano de datos. La educación mediática y la formación de una ciudadanía digital crítica son extensiones necesarias de aquel impulso alfabetizador, que hoy más que nunca es necesario preparar desde la educación a los ciudadanos.

Por lo que su visión de “Hombre Nuevo” comprometido con el bien común ofrece un antídoto conceptual al individualismo posesivo, al uso de la fuerza a través de las guerras para esclavizar pueblos, para saciar el consumismo depredador que han llevado al planeta al borde del colapso ecológico y nuclear. La educación, desde la óptica fidelista, debe formar para la sostenibilidad, la solidaridad intergeneracional, la justicia ambiental y la conservación de la especie humana. Para él educar a las nuevas generaciones y a los pueblos del mundo es fundamental y lo deja claro en sus discursos. Al respecto, Borón (2025) escribió:

Me contentaré con recomendar muy enfáticamente a quienes lean esta nota que vean y escuchen el premonitorio discurso de Fidel en la Primera Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, junio de 1992. Lo que hoy dice todo el mundo, (…) lo dijo Fidel en poco más de cinco minutos en su discurso ante el pleno de la cumbre.

Allí pronosticó que la especie humana estaba en peligro por la destrucción del medio ambiente, anticipó el carácter catastrófico del cambio climático que hoy estamos sufriendo y las consecuencias de la depredación que los capitalismos desarrollados estaban llevando a cabo con total irresponsabilidad, hundiendo en la miseria a los países del Sur Global. (p. 12)

En estas palabras reflexivas, Borón (2025) señala que Fidel deja claro que es necesario hacer algo urgente para preservar el planeta, para eliminar todo lo que contribuya a destruirlo, deja claro la necesidad de formar en todos los pueblos una conciencia de preservación ecológica. Es así, que según la inclinación fidelista es necesario educar a las nuevas generaciones en este elemento para que le permita revertir el daño a través de acciones no solo planteadas por los gobiernos, sino ejecutadas también desde los pueblos en general.

En su pensamiento educativo el vínculo estudio-trabajo puede reinterpretarse hoy como vínculo estudio-territorio, estudio-ecosistema, fomentando una relación amiga con la naturaleza. Asimismo, frente a la fragmentación social, su énfasis en la utilidad social del saber llama a orientar la educación hacia la resolución de los problemas comunitarios más apremiantes, como una necesidad ante la crisis civilizatoria, humanitaria, ecológica, ética y comunitaria que existe hoy.

Desarrolló la Batalla de Ideas en la Era de la Información en el final de su vida, donde sintetizó la lucha contemporánea en un concepto clave: el de perfeccionar la obra realizada y de ir a lo que no se pudo lograr. Con ello se refiere a lo que aún en nuestra sociedad no se ha logrado en los años de revolución; el fin de la batalla de ideas es perfeccionar el socialismo en todos los órdenes, fundamentalmente desde la educación. Esta Batalla de Ideas es la expresión máxima de la vigencia de su pensamiento. En un mundo donde el poder se ejerce cada vez más a través del control del imaginario, los algoritmos, los relatos, las guerras y el uso de la fuerza, el campo de batalla decisivo es el de las conciencias. La educación, por tanto, deja de ser un complemento para convertirse en el espacio estratégico principal donde se define el futuro. Formar ciudadanos con capacidad de análisis histórico, con memoria, con identidad de sus pueblos, con valores de justicia y con herramientas intelectuales para deconstruir los discursos hegemónicos, es la tarea más urgente. El pensamiento de Fidel recuerda que, sin la cultura, cualquier proyecto de transformación social está condenado al fracaso.

El pensamiento educativo de Fidel Castro trasciende las fronteras de Cuba y su tiempo histórico. Su esencia, anclada en la educación como acto de liberación, derecho universal, formación de conciencia y herramienta para el desarrollo soberano, constituye un aporte fundamental a la pedagogía crítica del siglo XXI. Entre sus ideas persiste la formación de las nuevas generaciones, por lo que hace aportes a la Educación Cubana, en cuanto a:

1.- La concepción humanista, a partir de la doctrina martiana: «Ser cultos es el único                                                                                                                                                 modo de ser libres» y «al venir a la tierra todo hombre tiene el derecho a que se le eduque y después en pago contribuir a la educación de los demás».

2.- La tesis del Deber Ser del maestro cubano como educador por excelencia de la sociedad.

3.- La definición del papel y figura del maestro en la sociedad, dentro del proceso revolucionario, como activista ideológico y político aglutinador de la familia, entre otros factores sociales, en el contexto de lucha ideológica y de agresiones a las que permanentemente Cuba ha estado expuesta.

4.- La concepción de educar como un complejo proceso, multidisciplinario e interdisciplinario, en el que intervienen disímiles factores e influencias personales y sociales.

5.- La concepción del maestro como instructor de niños y adolescentes en las transformaciones educacionales en medio de la universalización de la educación.

6.- El papel de la familia en la educación moral y en la formación ética.

7.- La importancia de adquirir una cultura general e integral, relacionada directamente con la formación ética y moral ciudadana.

8.- La importancia de la formación de Trabajadores Sociales, de Escuelas de Superación para Jóvenes y la Universalización de la Educación Superior.

9.- El planteamiento del concepto Revolución, con su respectivo valor metodológico en cuanto a educación y pedagogía, pues sus asertos contienen una profunda concepción revolucionaria y humanista del hombre en su carácter de ser social, en su interacción activa y transformadora con el medio, las personas y consigo mismo. (Sardiñas, 2024, p. 121-122)

Teniendo en cuenta estas ideas, hoy sus palabras pronunciadas en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela tienen una gran transcendencia, en la que destaca su fe inquebrantable en el poder de las ideas: ¨Hay que buscar conceptos y hay que tener ideas que permitan un mundo viable, un mundo sostenible, un mundo mejor (Castro Ruz, 1999, p. 19).

Por lo que en su esencia y vigencia lega trabajar incansablemente para que esa “masa pensante”, ese pueblo culto, crítico y solidario, sea el arquitecto de su propio destino. En esa tarea, su pensamiento educativo permanece no solo vigente, sino indispensable para Cuba, Latinoamérica y el mundo en este siglo XXI:

           Avizoraba los momentos en que el papel del pensamiento es excepcional, porque solo este puede guiar a los pueblos en los instantes de grandes transformaciones y en los momentos en que se emprenden grandes empresas como la que se llevaba adelante, seguro de que llegaríamos también a la meta. Él comprendió que la sociedad deseada no sería posible sin el desarrollo científico-técnico que sustentara los cambios económicos, sociales y culturales que transformarían el país. (Garrigó Andreu, 2020, p.6)

El pensamiento educativo de Fidel Castro es un corpus de ideas poderosas que interpelan nuestro presente, es proyectista y desafiante. Sus principios ofrecen coordenadas para repensar la educación desde un paradigma alternativo: el del conocimiento como bien común, la escuela como espacio de humanización y la pedagogía como práctica de la libertad; para formar ciudadanos que respeten los derechos de otros, crear pueblos que respeten otros pueblos. Así lograr hacer realidad su sueño de que un mundo mejor es posible, si sus pueblos están bien educados en los valores de preservar y amar a la especie humana.

Su esencia, centrada en la educación como acto de liberación, derecho universal y forjadora de conciencia, desafía los paradigmas neoliberales globalizadores de la sociedad contemporánea del siglo XXI del planeta, por lo que obliga a reflexionar sobre el fin último de la enseñanza, educar y formar hombres de bien que contribuyan a resolver los problemas sociales, económicos, medioambientales y políticos para que edifiquen sociedades humanistas en la que todos puedan vivir en paz.

Su vigencia reside en la capacidad de su legado para inspirar respuestas a los desafíos contemporáneos: la justicia en el acceso al conocimiento, la formación de ciudadanos críticos y éticos, y la vinculación del saber con las necesidades más apremiantes de la humanidad. De este modo, su pensamiento educativo no es un capítulo cerrado en los libros de historia. Es una fuerza viva y orientadora en el proyecto socialista cubano, latinoamericano y mundial que se constata en la defensa de la educación como un derecho humano fundamental y un deber social; en la comprensión de que la educación es el principal campo de batalla de las ideas, donde se forja la conciencia y se defiende la soberanía nacional; en la relación dialéctica indisoluble entre educación, unidad, ideología y el concepto de Revolución, como pilares para la construcción de una sociedad más justa con igualdad de oportunidades para todos sin discriminación de ningún tipo.

Referencias bibliográficas 

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Castro Ruz, F. (2002). Discurso pronunciado en el acto de graduación de las Escuelas Emergentes de Maestros de la Enseñanza Primaria, el 2 de septiembre de 2002. Granma, 5.

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Sardiñas, E. G. (2024). Un esbozo del pensamiento de Fidel Castro y su contribución a la formación de valores. En J. C. Arboleda (Ed.), Educación Sentipensante (pp. 117-123). REDIPE. https://editorial.redipe.org/index.php/1/catalog/download/175/307/6248?inline=1

Valdés Rodríguez, P. (2023). La filosofía de la educación en Fidel Castro como tradición de pensamiento. EduSol, 23(83), 213-222. http://scielo.sld.cu/pdf/eds/v23n83/1729-8091-eds-23-83-213.pdf