El
movimiento cooperativo cubano y su basamento en el ideario de Fidel Castro Ruz
(Revisión)
The Cuban
cooperative movement and its foundation in the ideological legacy of Fidel
Castro Ruz (Review)
Alina del Carmen Alarcón
Guerra. Licenciada en Economía Política. Máster en Gestión y Desarrollo de
Cooperativas. Profesor Auxiliar. Universidad de Granma. Bayamo. Granma. Cuba. aalarcong@udg.co.cu
Amarilys Reyes Arzuaga. Licenciada en Economía. Máster en Desarrollo
Regional y Local. Profesor Auxiliar. Universidad de Granma. Bayamo. Granma.
Cuba. areyesa@udg.co.cu
Luis Delmis Perez Soto. Ingeniero Agrícola. Doctor en
Ciencias Técnicas. Profesor Titular. Universidad de Granma. Bayamo. Granma.
Cuba. lperezs@udg.co.cu ![]()
Recibido:
24-07-2025/Aceptado: 14-11-2025
Resumen
Para
llevar a cabo la transformación socialista de la agricultura cubana y para
darle cumplimiento a uno de los problemas planteados en el programa del
Moncada, el Comandante en Jefe Fidel Castro les entregó a los campesinos una
parte de las tierras confiscadas a los grandes terratenientes y, años más tarde, los invitó a formar parte
de las cooperativas agropecuarias que se fueron creando para incorporarlos aún
más al proceso de construcción del socialismo y de fortalecimiento de la
alianza obrero-campesina. El artículo tiene como objetivo reflexionar acerca
del desarrollo del movimiento cooperativo cubano en sus diferentes etapas,
tomando como hilo conductor el pensamiento fidelista. Para ello se utilizó el
método teórico universal dialéctico materialista y sus métodos particulares: la
unidad de lo lógico y lo histórico, el análisis y la síntesis, así como las
abstracciones científicas. Dichos
métodos fueron empleados para analizar, de forma periodizada, el desarrollo del
proceso cooperativo en Cuba y para la comprensión de que, bajo el liderazgo de
Fidel Castro, la Revolución Cubana encontró en el cooperativismo agrícola un
modelo de cooperación clave, efectivo para modernizar la producción de cultivos
y para el aprovechamiento colectivo de la tierra.
Palabras
clave: cooperativas
agropecuarias; desarrollo agrícola; Fidel Castro; movimiento cooperativo cubano.
Abstract
To carry out the socialist transformation of Cuban agriculture and to fulfill one of the issues raised in the Moncada Program, Commander in Chief Fidel Castro granted peasants a portion of the lands confiscated from large landowners and, years later, invited them to join the agricultural cooperatives that were established to further integrate them into the process of building socialism and strengthening the worker-peasant alliance. This article aims to reflect on the development of the Cuban cooperative movement across its different stages, using Fidelist thought as the guiding thread. For this purpose, the universal dialectical materialist theoretical method and its specific methods were used: the unity of the logical and the historical, analysis and synthesis, as well as scientific abstractions. These methods were employed to analyze, in a periodized manner, the development of the cooperative process in Cuba and to understand that, under the leadership of Fidel Castro, the Cuban Revolution found in agricultural cooperativism a key model of cooperation, effective for modernizing crop production and for the collective use of land.
Keywords: agricultural cooperatives; agricultural development; Fidel Castro; Cuban cooperative movement.
Introducción
El Comandante en Jefe Fidel Castro desarrolló un pensamiento económico que integra la doctrina marxista con la ética martiana. El mismo, por su carácter abarcador, necesita de un análisis profundo, teniendo en cuenta su integración dialéctica con estas concepciones políticas educativas y éticas. Según Barrios y Martínez (2019):
Sus ideas relacionadas con temas económicos,
constituyen armas para la comprensión de la realidad económica actual, en tanto
expresan temas medulares de la teoría y la práctica del socialismo desde la
perspectiva de la realidad cubana, poniendo énfasis en aspectos del modelo de
la economía cubana y sus particularidades en el contexto de la economía
mundial. (p. 200)
En el año 1959, cuando triunfa la Revolución Cubana, existían en el país inmensas extensiones de tierra que pertenecían a grandes compañías extranjeras. Al nacionalizar estas tierras y pasarlas a manos del Estado, se crearon en ellas granjas estatales que pertenecían al pueblo, por lo que no se parcelaron las tierras. Esto dio la posibilidad de que se fortaleciera el sector socialista de nuestra economía con rapidez, a lo que coadyuvó el hecho de que la mano de obra para la zafra proviniese de centros urbanos y semiurbanos.
Los trabajadores agrícolas cubanos, durante más de la mitad del año, se dedicaban a trabajos ocasionales en las ciudades y los pueblos, por lo que habían ido adquiriendo concepciones más cercanas a las del proletariado urbano. Además, en Cuba, la organización y las luchas sindicales del proletariado agrícola, sobre todo del relacionado con el sector azucarero, adquirieron una gran fuerza, lo que condujo a que la enorme mayoría de obreros agrícolas no se caracterizaran por su deseo de tierras, sino por sus aspiraciones salariales.
Todas
estas circunstancias fueron analizadas con un admirable sentido político por el
Fidel Castro, el cual propuso las siguientes soluciones: entregar la tierra a
todos los campesinos trabajadores que no eran propietarios de ella, desarrollar las granjas del pueblo en
los latifundios ganaderos y arroceros expropiados y crear en
los latifundios cañeros las cooperativas cañeras.
Teniendo
en cuenta la importancia del movimiento cooperativo cubano y de la guía del Comandante en Jefe para su impulso, en el artículo se reflexiona
acerca del desarrollo de dicho movimiento en sus diferentes etapas, tomando
como hilo conductor el pensamiento de Fidel Castro Ruz al respecto. Para ello
se utiliza el método teórico universal dialéctico materialista y sus métodos
particulares: la unidad de lo lógico y lo histórico, el análisis y la síntesis,
así como las abstracciones científicas.
Desarrollo
El
compañero Fidel Castro facilitó el desarrollo del movimiento cooperativo en
Cuba, que comenzaría a
gestarse en la agricultura cubana, tanto en el sector
estatal como en el de la pequeña producción mercantil. Este movimiento ha transitado por tres
etapas, las cuales tienen en cuenta, como criterio clasificatorio, el
surgimiento y desarrollo de las tres formas básicas de cooperativas que existen
en el territorio nacional: las Cooperativas de Créditos y Servicios, las
Cooperativas de Producción Agropecuaria y Unidades Básicas de Producción
Cooperativas (Arias & Jordán, 2022).
La
primera etapa recoge el período comprendido entre la Primera Ley de Reforma
Agraria, el 17 de mayo del 1959, y el V Congreso de la Asociación Nacional de
Agricultores Pequeños (ANAP) en 1977. Con la aprobación de esta ley comenzó el
reparto de las tierras a quienes las trabajaban, a los campesinos que eran sus
verdaderos dueños; sin embargo, la mayor parte de las tierras expropiadas no
fueron distribuidas entre ellos. Las tierras nacionalizadas de los grandes
latifundios cañeros sirvieron de base para la creación de las cooperativas
cañeras. Traba et al. (2024) plantean que en 1960 Cuba tenía implementadas 45
agrupaciones con un total de 621 cooperativas cañeras, cuya distribución por
provincias se muestra a continuación en la tabla 1.
Tabla 1. Distribución de las
cooperativas cañeras por provincias
|
Provincias |
Cantidad
de cooperativas |
|
|
Pinar del Río |
29 |
|
|
Habana |
29 |
|
|
Matanzas |
62 |
|
|
Las Villas |
125 |
|
|
Camagüey |
179 |
|
|
Oriente |
197 |
|
|
Total |
621 |
|
Fuente: Ministerio del Azúcar (MINAZ,
2000)
Las
cooperativas cañeras se desarrollaron en el sector estatal y estuvieron
funcionando hasta agosto del 1962 cuando se celebró un congreso para estas
agrupaciones y se decidió convertirlas en granjas del pueblo debido a su
ineficiente funcionamiento.
El
surgimiento y desarrollo de formas simples de cooperación están presentes en
esta primera etapa a través de las asociaciones campesinas, de las brigadas de
ayuda mutua, de aquellas coordinadas entre la Federación de Mujeres Cubanas y
la ANAP (FMC-ANAP), de las brigadas juveniles y de las de macheteros
campesinos. Los resultados de estas formas de cooperación simple fueron
significativos en el sector agropecuario cubano. En el año 1977 existían en
total 13 772 brigadas FMC-ANAP, quienes en conjunto
con las brigadas de ayuda mutua y las brigadas juveniles, tenían una membresía
total de 164 325 personas (Alarcón, 2007).
Arias
y Jordan (2022) establecen que:
En el año 1961 se crearon
las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS). Estas constituyen formas
simples de cooperación agropecuaria, en las que el campesino conserva la
propiedad de la tierra y de sus medios de producción y se crean con el objetivo
de planificar, controlar, recibir y utilizar de forma organizada los recursos
materiales, financieros y la asistencia técnica; además de fomentar la ayuda
mutua y contribuir al mejoramiento de la situación económica y social de sus
integrantes. (pp. 2-3)
Una
singular experiencia en cooperativas de tipo superior, antes de la actual
Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA), lo constituyeron las sociedades
agropecuarias, las cuales fueron otra forma iniciadora de cooperativa
pero en el sector de la pequeña producción mercantil; surgieron como una forma
más avanzada de cooperación entre los campesinos que ponían la tierra y los
demás medios de producción a disposición del colectivo.
En la celebración del V Congreso de
la ANAP se aprueba el desarrollo masivo de las Cooperativas de Producción
Agropecuaria, con lo que se convirtieron a esta nueva forma las sociedades
agropecuarias que quedaban aún en funcionamiento (Aria & Jordan, 2022).
A
partir del año 1967, los avances alcanzados en el proceso de cooperativización se estancaron en sentido general, pues no
se lograron las transformaciones de formas simples a formas superiores y el
funcionamiento interno de las formas superiores existente comenzó a
debilitarse. Las causas que incidieron en este estancamiento fueron analizadas
posteriormente en el I Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), encabezado
por Fidel, en el año 1975. No obstante, el proceso de socialización del
campesinado se desarrolló por la vía de la integración de los productores
campesinos a planes estatales de desarrollo.
Uno de los problemas más
significativos señalado en el I Congreso del PCC, fue la aplicación de una
política económica poco realista, que afectó el proceso de transformación de la
pequeña propiedad campesina. Se pensó que las pequeñas haciendas podían
socializarse en su totalidad a través de los planes estatales. El estado no
impulsó en estos años el movimiento cooperativo.
La segunda etapa recoge desde el V
Congreso de la ANAP en 1977 hasta la llamada Tercera Reforma Agraria en el
1993. Al decir de Arias y Jordan (2022):
Esta
etapa se caracterizó por el surgimiento de las cooperativas de producción
agropecuaria (CPA) como forma superior de producción del sector campesino, por
la diversificación de las formas de comercialización del sector campesino, por
el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, por la crisis
económica provocada por el derrumbe del campo socialista en Europa y por el
recrudecimiento del bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba. (p. 3)
En el Informe Central al I Congreso del
PCC, en 1975 (citado por Arias & Jordan, 2022) se
establece que.
Con la aprobación de la tesis "Sobre
la cuestión agraria y las relaciones con el campesinado", en el I Congreso
del Partido Comunista de Cuba (PCC), quedó aprobada la estrategia a seguir con
el movimiento cooperativo en Cuba y el papel de la Asociación Nacional de
Agricultores Pequeños (ANAP) para llevarla adelante. (p.3)
Las Cooperativas de Producción
Agropecuarias se crearon desde 1977 con los campesinos que aportaron
voluntariamente sus tierras y otros medios de producción en propiedad colectiva
para una explotación común mediante la cooperación laboral de sus miembros, a
los que pertenecería el resultado de su producción.
El surgimiento de las CPA se puede
analizar tomando en cuenta su evolución global en relación con el comportamiento
de la economía nacional en tres períodos:
·
Un primer período (de
1977 a 1983) caracterizado por la multiplicación acelerada del número de
cooperativas y de campesinos cooperativizados, lo que se corresponde con la
aceleración del crecimiento económico nacional de aquellos años (Recompensa
& Recompensa, 2017). Al celebrarse en 1982 el VI Congreso de la ANAP,
existían en el país 1140 CPA que abarcaban 529 300 ha de tierras, para un 35%
del área total campesina, cifra extraordinariamente significativa si se tiene
en cuenta el corto período transcurrido desde que se inició el proceso en 1977.
·
Un segundo período (de
1984 a 1987), donde se amplía el gigantismo y se contrae el acceso campesino a
las cooperativas. La práctica de fusiones de las CPA “pequeñas” o con problemas
económicos, seguiría su curso a pesar de las indicaciones en su contra
formuladas por la máxima dirección política del país (Recompensa &
Recompensa, 2017).
En 1982 se prohibió el
acceso de las CPA al Mercado Libre Campesino (MLC) y se les impusieron otras
limitaciones, las cuales se extendieron a la producción y venta de bienes
manufacturados y actividades de servicios. Las CPA se transformaron en
entidades técnico-productivas de patrón agrícola absoluto y altamente
especializado. Tales prohibiciones contradecían su carácter mercantil,
limitaban su economía y la racionalidad económica, aspectos de los que dependía
su supervivencia y desarrollo. En los años 1986 y 1987 se harían sentir los
impactos negativos de aquellas medidas, lo que contrastaba con las escasas
ganancias de los campesinos, parceleros e intermediarios que continuaron
accediendo al MLC. El sector cooperativo quedó en desventaja económica, dejando
de ser atractivo para la mayoría de los campesinos independientes.
La autonomía restringida
dio luz verde en la práctica a diversas formas de intromisión vertical. La
organización territorial y nacional propia y autónoma del sector cooperativo no
logró configurarse. La creación de las Uniones Municipales de Cooperativas
Agropecuarias (UMCA) en los 80 fue un experimento de autogobierno cooperativo
que agrupó también a las CCS.
La UMCA se basaba en la
democracia cooperativa y la autogestión a nivel municipal como centro económico
para la cooperación intercooperativa en los
abastecimientos y otros servicios que antes corrían a cuenta del sistema
estatal. Luego de una corta vida y por razones semejantes a la supresión del
MLC, fueron disueltas simultáneamente como aquel, sin haberse comprobado su
verdadero valor.
Todos los problemas analizados
hasta este momento, más los desequilibrios macroeconómicos de 1986 y 1987,
impactaron a las CPA. Se propagó la irritabilidad y la rentabilidad
insuficiente; por tal razón, la política nacional se orientó a apoyar la
recuperación de este sector, se congelaron las deudas bancarias contraídas
(Tarea 26) mediante su pago con el 35% de las ganancias de futuro y el flujo
crediticio no se detuvo. La contracción económica y las realidades detuvieron
al movimiento masivo de cooperativización y los
recursos se concentraron en fortalecer las entidades ya existentes.
·
Un tercer período (de
1988 – 1993), en el que el sector cooperativo se recuperó exitosamente a pesar
de la contracción y posterior crisis de la economía, de las limitaciones de
autonomía y de otros factores. La racionalidad cooperativa tendió al
redimensionamiento de las entidades, se desprendieron de parte del fondo de
tierra y de otros medios que no podían explotar con eficiencia, fortalecieron
el autoconsumo y la construcción de viviendas de bajo costo; también la asalarización continuó creciendo. El aparato económico
mejoró notablemente y la inmensa mayoría de las CPA liquidaron sus deudas con
el banco, saneando sus finanzas. La fórmula cooperativa demostró sus ventajas
como modelo socialista y se erigió en referente para la futura transformación
estructural en el agro. En eso consiste su gran mérito histórico.
La tercera etapa del proceso de cooperativización en Cuba comprendió desde 1993, con la
creación de las UBPC, hasta la actualidad. Esta etapa se distingue por la
reforma económica, las transformaciones en el sector agropecuario cubano y la
significativa extensión del movimiento cooperativo. Este último resulta
particularmente activo en la provincia Granma, donde es continuo el
perfeccionamiento de las CPA y de las CCS debido a que existe un modelo más
descentralizado de desarrollo económico producto al recrudecimiento de la
guerra económica de Estados Unidos contra Cuba y por el desarrollo de la
Batalla de Ideas.
A través de estos años, según Arias y Jordan (2022):
(…) se han realizado profundos cambios en
el sector agropecuario cubano que algunos han llamado la tercera Reforma
Agraria donde se amplía el movimiento cooperativo hacia el sector estatal y se
crean las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) como un nuevo
modelo de gestión cooperativo, se desarrolla un sistemático reordenamiento y
concentración de las cooperativas existentes, buscando las fórmulas más
eficientes de producción, se desarrolla constantemente la capacitación de las
juntas directivas de las distintas formas de cooperativas, se intensifica el
programa de fortalecimiento de las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS),
se diversifican las formas de comercialización de los productos agropecuarios,
fundamentalmente a través de los mercados agropecuarios de oferta y demanda y
de los mercados agropecuarios estatales. (p.3)
La disposición más importante y de mayor evidencia en
el sector agropecuario en esta etapa lo fue la formación de las UBPC, según los acuerdos adoptados por el Buró Político del
PCC el 10 de septiembre de 1993 y la promulgación del Decreto -Ley No. 142. Las
UBPC quedaron constituidas en lo fundamental antes de finalizar ese año.
Las UBPC son organizaciones con
personalidad jurídica propia, que funcionan con las características siguientes:
tienen el usufructo de la tierra por tiempo indefinido, son dueñas de la
producción y la venden al Estado a través de la empresa o en la forma que este
decida, operan su cuenta bancaria, compran a crédito los medios fundamentales
de producción, eligen en colectivo a su dirección y rinden cuentas
periódicamente ante sus miembros. Asimismo, deben cumplir con las obligaciones
fiscales que les corresponden como contribución a los gastos generales de la
nación (Nova, s.f).
Los
principios de las UBPC, de las CPA y de las CCS, se corresponden con los
principios cooperativos aprobados por la Alianza Cooperativa Internacional. Ellos son: adhesión voluntaria y abierta, gestión
democrática por parte de los socios, participación económica de los socios, autonomía
e independencia, educación, formación e información, cooperación entre
cooperativas, interés por la comunidad (La O, 2024, p. 16).
En Cuba los
principios que regulan la gestión cooperativa agropecuaria aparecen estipulados
en el Decreto Ley No. 76 (2023), artículo 11; ellos son: voluntariedad; control
democrático de los cooperativistas; autonomía; participación económica de los
cooperativistas; educación, formación e información; cooperación entre
cooperativas y con otras entidades; así como responsabilidad con la comunidad.
Sobre ellos profundizaron Aguilera (2025) y Traba et al. (2024) quienes
refirieron que el principio de la responsabilidad social o de la
responsabilidad de la cooperativa con la comunidad tiene una gran importancia
en el vínculo cooperativa-comunidad.
La disolución de las cooperativas
trajo consigo otros problemas sociales comoe el
incremento del desempleo principalmente en las zonas rurales, la despoblación
en la región a la que pertenecía la cooperativa, el incremento de la
dependencia de la mujer con respecto al hombre y el desencadenamiento, en
algunos casos, de actos de violencia de género (Reyes & Alarcón, 2021a y
Vila & Alarcón, 2021).
En la
actualidad existen varios factores socioeconómicos que limitan la gestión
cooperativa, entre ellos se pueden mencionar: el desconocimiento de los
principios cooperativos, la insuficiente capacitación de la junta administrativa
y de los cooperativistas, la apropiación indebida de recursos, las
insuficiencias en los registros
contables, las diferencias en
los anticipos percibidos por los socios y la junta directiva, así como
la limitada transformación en la imagen de las cooperativas, sobre todo en las
del sector de la gastronomía
(Reyes & Alarcón, 2021b).
La combinación de una serie de factores externos e internos a
inicios de los años noventa, originaron una profunda crisis en la economía de
Cuba. Su magnitud puede ser ilustrada por el hecho de que a diecisiete años de
iniciada y a trece de comenzada la recuperación, aún no se ha alcanzado el
nivel económico precedente.
Con el
objetivo de paralizar la crisis económica en Cuba y pasar a la fase de
recuperación, fue necesario diseñar y aplicar una serie de medidas de diferente
naturaleza y alcance. Molina y Ramírez (2020) plantean que: “Las
transformaciones operadas en nuestra economía desde entonces no han sido obra
de la improvisación sino fruto del análisis que previamente hizo la dirección
del país acerca de la situación que podría sobrevenir (…)” (p.2).
El
surgimiento de las UBPC debe ser entendido como la culminación de un proceso
dialéctico de continuidad y cambio. Estas organizaciones son consecuencias del
desarrollo precedente del camino estatal y cooperativo trazado por el Comandante en Jefe, síntesis del desarrollo alcanzado por
sus ideas y una forma de solucionar las contradicciones acumuladas en la
gestión estatal de la agricultura. Su constitución responde a la necesidad de
transformar estructuralmente la base económica del país y realizar una profunda
reformulación de sus relaciones económicas.
Las UBPC
surgen en unas complejas y difíciles condiciones. Las características más
relevantes del entorno en que surgen las UBPC son:
·
La
desaparición de la URSS y del campo socialista europeo, con los cuales se
mantenía el 85 % del intercambio comercial. De estos países se importaba, en
condiciones ventajosas, la casi totalidad del equipamiento y los insumos
productivos para la agricultura y se exportaban, a precios preferenciales, gran
parte de los productos agrícolas. Cuba, ante el cambio político que se produjo
en esa región, perdió de forma brusca tanto el mercado de venta del azúcar como
el suministro de los insumos fundamentales que sustentaban el elevado nivel en
el uso de químicos y la mecanización del cultivo, la cosecha y el transporte de
la caña de azúcar, así como el funcionamiento de la industria. Las compras de
fertilizantes disminuyeron de 158 millones de dólares a 43 millones en 1994.
·
La
disponibilidad de nutrientes, en términos de NPK (nitrógeno, fósforo y
potasio), disminuyó de 291 mil toneladas en 1990 a 36 mil en 1994. Se
contrajeron significativamente las compras de plaguicidas de 81 millones de
dólares en 1989 a 45 millones en 1994. La adquisición de maquinarias se redujo
de 228 millones de dólares a solo 21 millones en el mismo período. Particular
incidencia ejerció la brusca disminución de la disponibilidad de combustible y
de lubricantes. De más de 13 millones de toneladas de petróleo a disposición
del país en 1989, esa cantidad se redujo a menos de 6 millones en 1993. Tal
situación resultó agravada por la existencia en el sector, y en toda la
economía, de un parque de maquinarias, equipos y medios de transporte
caracterizados por su elevado nivel de consumo.
·
El
recrudecimiento oportunista del bloqueo económico y comercial de Estados Unidos
mediante la aprobación de nuevas leyes y enmiendas como la Torricelli y la
Helms, dirigidas al estrangulamiento de la economía del país, repercutió de
forma negativa en la producción de caña, azúcar y derivados e hizo
prácticamente inoperantes las viejas estructuras en la agricultura cañera,
caracterizadas por su gran tamaño y basadas en el uso intensivo de productos agroquímicos,
maquinarias, combustible y riego.
·
Junto a ello también cayó significativamente el
nivel de vida de cientos de miles de trabajadores de este sector y de sus
familiares. Tal vez el sector azucarero haya sido el más afectado por la
crisis, pues el decrecimiento de la producción de azúcar a menos de la mitad
estuvo acompañado de una reducción significativa de los precios.
·
La
combinación de estos elementos provocó una caída vertiginosa de la capacidad
importadora de la nación, calculada en un 75% en el período 1989-1993, que
condicionó, por la histórica y alta dependencia del sector externo en la
economía nacional, una reducción del producto interno bruto que llegó a ser del
35% en 1993 con relación a lo obtenido en 1989.
·
La
drástica reducción de la oferta de bienes y servicios, unido a una política
social de protección a todos los trabajadores, provocó un exceso de liquidez en
manos de la población.
·
Como
consecuencia de lo anterior se desvaloriza la moneda nacional y se produce una
situación de gran desmotivación por el trabajo.
·
El
crecimiento del sector emergente de la economía y sobre todo del turismo,
provoca un éxodo hacia este y un determinado patrón de comparación o de
aspiración en cuanto a niveles de ingresos y de vida.
·
Se
percibe un deterioro de los valores sociales, al igual que un auge del delito
económico, del robo y del hurto de productos de todo tipo y, en específico, de
los agrícolas.
La hostilidad
del entorno potenció y agudizó los factores estructurales que venían
manifestándose desde los años 80 y que redundaban en una agricultura
ineficiente, extensiva, de altos consumos materiales, dependiente de la
importación de recursos, con un déficit crónico de fuerza de trabajo y con
excesivo nivel de centralización.
Muchos han sido los esfuerzos desplegados desde
entonces para encauzar la gestión de las UBPC en aras de revertir las
desfavorables tendencias que han sesgado de manera dramática su gestión. Sin
embargo, las soluciones intentadas han tenido como denominador común la
improvisación y el empirismo en un contexto organizacional influido por el
predominio de concepciones administrativas centralizadas, donde la tan
proclamada autonomía de estas entidades se ha visto severamente condicionada
por la subordinación a las decisiones emanadas de las empresas matrices y demás
instancias del sistema central del Ministerio de la Agricultura (MINAGRI) y el MINAZ
(hoy MINAG y AZCUBA) a niveles territorial y central.
Debe
tenerse en cuenta que los principios básicos de las UBPC constituyen la primera
modificación de trascendencia al grupo de principios leninistas, que no quedan
abolidos en las nuevas cooperativas, sino que se complementan con estos para
reflejar de forma más objetiva la necesidad de dar respuesta a los problemas
acumulados en la agricultura cubana.
De
este modo es evidente el surgimiento de una nueva forma de existencia y de
realización económica y social en la agricultura, donde la propiedad estatal
cooperativa está estrechamente ligada a la materialización en la práctica de
los principios de las UBPC.
No
obstante, en estos momentos continúa el problema de hacer coincidir la realidad
objetiva de la agricultura cubana con ese ideal de cooperativa que se ha
modelado y que parte de una concepción marxista, martiana y fidelista. Esto se
debe a que no todas las UBPC actúan en igualdad de condiciones y que, desde su
propia creación a raíz de la crisis que atravesaba el país, han presentado
problemas que atentan contra la integridad de estos valores y principios,
incluso en el orden social.
Conclusiones
1. Los
aportes teóricos y prácticos de Fidel Castro a la agricultura cubana
permitieron la evolución del movimiento cooperativo en Cuba.
2. El movimiento cooperativo cubano ha ido evolucionando a través
de tres etapas en correspondencia con las tres formas básicas de cooperativa:
CCS, CPA y UBPC.
3. El Comandante en Jefe Fidel
Castro fue desarrollando un pensamiento económico intencionado a la agricultura
y al cooperativismo en la medida en que tuvo lugar, en la práctica, la
construcción del socialismo en Cuba.
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